EL VENDEDOR AMBULANTE: LA CIENCIA OCULTA DE UN GENIO DE LA VENTA

EL MAESTRO DE LA VENTA: EL VENDEDOR AMBULANTE

Un genio de la venta. Su legado nos inspira

¡Tanto que aprender del vendedor ambulante!

Para tener éxito hoy en una función más que milenaria como la de vendedor parece que debemos reinventar la venta cada cierto tiempo. Y no nos damos cuenta de que la esencia de la venta no tiene fórmulas secretas por descubrir. Que para triunfar vendiendo solo debemos fijarnos y copiar lo que ha hecho desde hace siglos el “vendedor cero”, el vendedor ambulante. Con el vendedor ambulante empezó todo. Empezó la maravillosa función de la venta.

Se calcula que existen algo más de 172.000 vendedores ambulantes en España que ejercen su cotidiana labor en unos 3.500 mercadillos. El impacto económico de esta actividad ancestral genera 1.250 millones de euros e involucra a 60.000 familias.

Todo un motor de la economía que aproximadamente supone el 0,2% del PIB. Por ponerle contexto a la cifra, esta contribución a la economía española es similar a la que genera la industria del deporte (incluyendo eventos deportivos, gimnasios y actividades recreativas) o al sector audiovisual (cine, series, televisión, y publicidad).

La venta ambulante tiene raíces profundas en la historia de España, remontándose a épocas en las que los mercados y ferias eran los principales puntos de intercambio comercial.

Hoy estamos preocupados por conquistar la última milla en el retail y en ocupar espacios comerciales de alto tráfico y conversión instantánea. En el siglo XIX, la venta ambulante se consolidó como una solución a las limitaciones de los canales de distribución tradicionales, especialmente en áreas rurales y en desarrollo. Vamos, comercio de proximidad en vena. Los vendedores ambulantes ofrecían productos que no estaban fácilmente disponibles en tiendas fijas, contribuyendo significativamente a la economía local y facilitando el acceso a bienes esenciales. Lo que viene siendo diferenciación, oferta adaptada y microeconomía aplicada.

El auténtico artífice del éxito que ha perdurado por siglos hasta nuestra existencia y al que le vaticino un futuro esplendoroso es el vendedor ambulante. Ese artesano de la venta que es todo un ejemplo que imitar para cualquiera que quiera dedicarse al apasionante mundo comercial.

El vendedor ambulante lo es, no por haber pasado por las manos de sesudos catedráticos, tratados incunables de estrategia comercial o prestigiosas escuelas de negocio. En él se agolpan la herencia, la tradición y la genética de millones de horas de pura conversión. En este contexto, "convertir" va más allá de simplemente cerrar una venta: también incluye el establecimiento de una conexión personal que puede generar fidelidad y ventas recurrentes. Dado que el contacto con el cliente es breve y directo, el vendedor ambulante debe maximizar cada interacción para lograr resultados inmediatos.

Es un maestro que sabe crear un impacto visual atractivo. A veces por un calculado desorden. Otras con un visual merchandising obsesionado de destacar los colores, formas y características más llamativas. Sabe usar de manera magistral los carteles y anunciar los precios de forma clara y contundente. La promoción es su eje estratégico. Sabe atraer la atención del cliente como nadie: llamadas verbales (frases cortas, rítmicas y persuasivas como "¡todo a un euro!" o "¡la mejor calidad al mejor precio!") que generan curiosidad, o demostraciones en vivo como presentar cómo funciona un producto (por ejemplo, herramientas, juguetes o alimentos) para captar el interés inmediato de los transeúntes.

Interactúa de forma directa al establecer contacto visual y saludar a los clientes potenciales que les hace sentir valorados y aumenta la probabilidad de detenerse. Construyen una conexión emocional de altísimo impacto a través de una narrativa personal y única. Se adaptan a cada cliente con ejemplar maestría a través de la rápida observación que les permite detectar necesidades tan solo por los gestos, preguntas o reacciones de su cliente, al que le reajusta el discurso de venta de forma comercialmente canónica. Y quizás una de sus mejores virtudes es su capacidad para transformar la interacción en una experiencia 100% positiva, a través del humor y su singular simpatía.

En resumidas cuentas, no se me ocurre mejor escuela para la venta de alto rendimiento, para la venta emocional más pura que la de la venta ambulante. Imitemos al vendedor cero. Recojamos su legado y aprovechemos la obra de un artista único y genial, maestro en saber aprovechar cada segundo de interacción para captar la atención, generar interés, y persuadir emocionalmente al cliente.

¡Larga vida al vendedor….. ambulante!

 

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